Es, digamos, inevitable seguir ciertas corrientes. A veces somos arrastrados y otras nos dejamos llevar, voluntariosamente, porque quizá es algo que ya buscábamos o porque resultó ser de nuestro gusto, la corriente, ciertamente. Este primer escrito es para (tratar de) explicar el sentido de que haya iniciado aquí, en esta tierra de todos y de nadie, la tarea de participar en uno de los fenómenos de nuestros días, de meter las manos y las orejas, los pies y las narices, curiosa forma ésta de decir, en la ya conocida blogosfera.
El bloguero, no me pregunten cómo se debe escribir, es un mundo de posibilidades para el individuo cualquiera que se quiere dar a conocer, por medio de la escritura, principalmente, y es notable su propagación en el enorme entramado electrónico. El discurso común y corriente, la prosa y la poesía, el manual técnico, la bitácora y el diario, la opinión, el resumen de noticias, las creaciones irreverentes y también las groseras y vulgares, la reflexión, las memorias y muchas formas del decir se han reunido aquí para definir uno y muchos entornos, miles de rincones de todas las formas y colores, y tonos.
Buen síntoma ha de ser la efervescencia con que ha tenido su aparición la gran diversidad que abunda en la blogosfera. Aquí se respiran, convertidas en letras, voces de los cuatro puntos cardinales, se da pie a la creatividad, a la opinión y la divulgación. La expresión y la contemplación se hallan así potenciadas y abiertas para un número grande, muy grande, de navegantes. Tal vez, en opinión muy particular, lo que falte sea aprovechar esa oferta que se posa ante nosotros: la oportunidad de expresarse ante un vasto e inasible mundo, hablar de lo que nos interesa, atendiendo siempre a la importancia del buen trabajo, al desarrollo de un mensaje responsable y objetivo, de un chiste ingenioso, de una expresión literaria cada vez más matizada, formal y estilizada.
El objeto al que mira este recién llegado no es sino una mera proyección de lo ya dicho. Me he parado en este escenario para practicar la palabra como un ejercicio, como una experiencia de la que siempre haya algo por aprender. Espero que este sitio ofrezca una visita grata al lector, y espero reflejar en él el espíritu que ha motivado su invención: el conocimiento compartido, el aprendizaje que supone estar comprometido, de manera personal e individual, con la búsqueda por mejorar las capacidades propias y, de manera social y colectiva, con la veracidad, la objetividad y las palabras claras, la belleza escrita y el desarrollo de un espacio de aprendizaje y reflexión.

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